Revista del Ateneo: 200 cómplices tras la puerta (Aida Acitores)

Columna de opinión de la ateneísta Aida Acitores de la Cruz

Hay puertas que se abren empujándolas suavemente. Otras, recias y solemnes, te dan la bienvenida con roncos crujidos de gozne. Algunas detectan tu llegada con un sensor y te reciben con las hojas abiertas. Incluso hay puertas que se abren… Con un solo clic.

Acabamos de dar con una de esas entradas. Y lo primero que nos encontramos es un espacio vacío, a medio amueblar, todavía con las cajas apiladas en un rincón y unas cuantas personas -apenas unas 200 o 250…- con cara de recién aterrizados y sonrisa cómplice.

Cómplices somos porque todos nosotros compartimos un deseo: agitar la vida intelectual de Palencia. Lo que significa también agitar Palencia en todos los sentidos. “Palencia está muerta”, oímos desde hace siglos. Pero a pesar de los palentinos -solemos ser nuestros propios verdugos-, Palencia vive. Que viva Palencia.

La ventaja de reunirnos en un Ateneo virtual es que, como sucede con los libros, cada uno de nosotros tiene una propia lectura de lo que será este Ateneo. Un proyecto, una idea sobre la Palencia que queremos construir, hoy y mañana. Para mí, el Ateneo que quiero escribir, y leer, y crear, es el colectivo que abrace el talento en todas sus manifestaciones. Que se desprenda del complejo provinciano que nos persigue desde nuestros ancestros, que mire al mundo y se deje mirar por el mundo, con orgullo.

No quiero tener la sensación -ni sufrirla en otros- de que Palencia agoniza con cada joven que emigra. Es verdad, preferiría que se quedaran. Pero hoy el mundo no tiene fronteras, y su marcha no debe suponer un abandono total a su tierra: aunque físicamente estén lejos, su talento puede regresar si nos comunicamos con ellos, si escuchamos todo lo que tienen que decir. Su conocimiento y sus ideas pueden retornar para siempre a su tierra si construimos los espacios de encuentro adecuados.

Tampoco quiero pensar que nos quedamos los malos. La mayoría de entre quienes nacimos en Palencia y elegimos no emigrar tenemos también mucho mundo. Y gracias a ello supimos ver la oportunidad de quedarnos en un lugar donde la calidad de vida es inmensamente propicia para crear, trabajar, criar y vivir.

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