Sección de Psicoanálisis del Ateneo de Palencia (Ángela González Delgado)

 

El psicoanálisis ha promovido ideas, ha generado debate, ha abierto
puertas, pero sobre todo ha sido acogedor para muchos de nosotros. Es más,
nuestro encuentro con un psicoanalista ha marcado un antes y un después en
nuestras vidas, pues cuando alguien puede mirarse sin miedo, y decirse una lista
de improperios, de exactitudes, de verdades a puños, puede entonces afirmar que
nada va a ser igual en su vida. Ha sido mi caso, y ayudo a que sea el caso de
otros muchos.
Pero al psicoanálisis no lo hemos visto limitarse a operar grandes
transformaciones en las personas que frecuentan el diván. También le hemos visto
impulsar acciones de cultura y pensamiento en la ciudad, participación activa en
la vida ciudadana, en los medios de comunicación, en su tejido asociativo. El
psicoanálisis lejos de limitarse a una acción clínica en el interior de su dispositivo
de consulta parece que tiene algo que decir en los debates de la ciudad y del
tiempo que vivimos.
Ha sido el caso de Palencia, donde los psicoanalistas y los analizantes
toman voz en los medios, y han promovido en la ciudad convocatorias culturales,
Centros abiertos, propuestas para jóvenes en su tiempo libre, Cursus, Seminarios,
Conferencias de docentes llegados de varios puntos de Europa, e incluso, un
añorado Coloquio Internacional de Jóvenes Psicoanalistas (celebrado en 2009).
En Palencia se edita la primera revista de Psicoanálisis de nuestra tierra (Análisis),
y es la ciudad donde se fundó la primera Asociación de Estudios de Psicoanálisis
de Castilla y León.
Con toda esa vocación de apertura a la ciudad, de entusiasmo por lo
colectivo, por el lazo social, por la cooperación y la colaboración entre
profesionales y ciudadanos interesados por el pensamiento, por la conversación,
por el debate cultural, no era de extrañar que tarde o temprano, el psicoanálisis
empujara también a la creación de algo como el Ateneo Científico, Literario y
Artístico de Palencia, refundado el 10 de diciembre de 2016, tras haber tenido
una trayectoria que abarcó desde 1876 hasta 1926.
Con esos previos, se entiende que el Ateneo haya querido crear una
Sección que lleve el nombre de Sección de Psicoanálisis, sabedor del lugar
específico que ha tenido el psicoanálisis y los psicoanalistas en la fundación del
Ateneo, la respuesta inmediata de tantos y tantos analizantes que han pasado por
la experiencia analítica a sumarse a las filas del recién reconstituido Ateneo
merecía, pienso yo, el reconocimiento público de ese hecho. Y aquí estamos,
inaugurando esta Sección, que compuesta por casi una veintena de socios
fundadores del Ateneo, me propusieron dirigir. Acepté encantada.
Por eso el reconocimiento de la inserción del psicoanálisis en la ciudad es
solidario de la unánime acogida que el Ateneo ha tenido en la sociedad
palentina. La gran conversación que es un Ateneo es idéntica a la gran
conversación que es un psicoanálisis. Y nuestra época, de déficit de la palabra,
encuentra así un grupo, una inmensa minoría en el decir de Juan Ramón Jiménez,
que apuesta por la libertad del decir, por no tener miedo a las palabras, advertidos
de los efectos perniciosos de lo no-dicho.
Pero a la vez tanto el psicoanálisis como el Ateneo son
conocedores de los peligros que encierra el aislamiento individualista, el encierro
de los sujetos con sus gadgets en la soledad de sus habitaciones.
En suma, los años de búsqueda del psicoanálisis de interlocutores en la
ciudad han fructificado con el encuentro de otros muchos ciudadanos,
procedentes de otros campos del saber, que también buscaban un encuentro
abierto, sin distingos ideológicos, sin exclusiones de ningún tipo. El lema que
expresara el fundador del Ateneo en el siglo XIX, Ricardo Becerro de Bengoa, de
agitar la vida intelectual, encuentra así su justificación en el camino que
emprendiéramos desde hace años quienes nos topamos con un psicoanalista que
logró agitar algo en nosotros lo suficiente como para atrevernos a decir la verdad,
a soltar lo que nos embrollaba, a permitirnos hacer algo con lo incurable, con
nuestros incurables. También la ciudad tiene sus síntomas.
Va de suyo que estemos hoy aquí, inaugurando esta
Sección, porque nos hayamos confabulado participando en la construcción de un
Ateneo, con deseo de conmover a una ciudad que, como toda ciudad pequeña,
presenta la tentación de dormitar, la tendencia a no dejarse despertar.
En buena parte de las acciones del psicoanálisis en nuestra ciudad hemos
visto participar a José María Álvarez, como conferenciante, presentando libros, de
suerte que le propusimos hacerse ateneísta, primero, y después inaugurar esta
sección con una conferencia. Dar conferencias, es una de sus especialidades,
junto con su pasión de clínico reputado, y de escritor prolífico de psicopatología,
desde el resumen de su tesis doctoral, La invención de las enfermedades mentales,
hasta su último libro, a punto siempre de aparecer. Le pedimos que hablara hoy
de un tema de actualidad, las nuevas formas del discurso de la locura y los
nuevos modos de presentación de la locura, más sutiles, menos extraordinarios
que los que han sido presentados históricamente como el célebre caso freudiano
del Presidente Schreber, del que José María es un experto. Desde luego, el que
convivamos con nuevas formas de locura, que acojamos la radical posición
subjetiva del loco en sus nuevas variantes, es también una muestra de esa gran
conversación que es un Ateneo, siempre abierto, pero siempre cuidadoso de
respetar al diferente.
Y en buena parte de las acciones sanitarias en nuestra
ciudad, las de ahora y las que se proyectan en el futuro con la creación de un
nuevo Hospital, está también participando el doctor Antonio Sáez, palentino, a
quien invitamos a hacerse ateneísta, a sumarse a nuestro esfuerzo desde hoy
mismo. De su acción como Consejero de Sanidad de la Junta de Castilla y León la
ciudad de Palencia espera su apoyo para las múltiples necesidades que requiere
como ciudad pequeña necesitada de todo el de las administraciones públicas. Le
cedo la palabra para que presente a José María, pero antes deseo finalizar con el
acostumbrado lema: ¡Larga vida al Ateneo Científico, Artístico y Literario de
Palencia!

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