La Revista: El Ateneo que esperaba a una ciudad (Enrique Gómez)

Columna de opinión del ateneísta Enrique Gómez

Hacerse preguntas resulta habitualmente más interesante que encontrar todas las respuestas, a pesar de que lo segundo, produzca infinitivamente más goce, al hacernos creer imaginariamente, que poseemos un saber sin agujeros que nos sostiene. ¿Por qué refundar el Ateneo de Palencia? ¿Por qué ahora? ¿Qué necesidades cubre? ¿A qué conscientes o ignotos deseos responde? Estas son algunas de las preguntas que nos hacemos los que nos hemos metido en este maravilloso follón romántico en el siglo XXI. Las respuestas no llegan a tiempo claras y precisas, pero esto no tiene que impedir pasar a la acción, a la buena acción, claro, y de la buena manera, si es que se sabe cómo.

Repetimos con frecuencia la frase de Becerro de Bengoa, “agitar la vida intelectual”, con un cierto riesgo del que debemos estar advertidos. Una de las enfermedades del siglo XXI es la del amor propio, el narcisismo, individual y colectivo, del que sería bueno huir como de la peste. El nuevo Ateneo no debe caer en el error del mesianismo salvador, el que cree que viene a dar vida a lo que no lo tiene, el que aporta agua al páramo adusto y enteco. Es cierto que Palencia sufre el drama de la despoblación, del éxodo juvenil que parece inevitable y del envejecimiento como una de sus más lacerantes consecuencias, pero también lo es que esta ciudad y su provincia, a quien no se debe olvidar, no está ni muerta si siquiera dormida. Son muchas, y de calidad indudable, las actividades que se realizan con frecuencia en nuestra comunidad y en este contexto, el Ateneo debe hacer el esfuerzo de incorporarse sin complejos de superioridad que lastren el proyecto.

Para terminar cito a dos genios, encontraremos a algunos más en este camino. Francis Bacon, en una entrevista concedida a Marguerite Duras, decía algo tan bello como que él no dibujaba nunca, empezaba sus cuadros haciendo todo tipo de manchas, esperaba siempre a que llegara una mancha sobre la que construir “la apariencia”. En definitiva, empezaba sin programa ni meta. Por otro lado, Tomás de Aquino, según cuenta José Jiménez Lozano, se paraba ante las puertas dudando si traspasar o no el umbral “porque una puerta que se abre es siempre un novum, lo que promete a nuestros ojos y nos exige su comprensión”. Así comienza el Ateneo, quizás como una mancha a la que habrá que saber esperar para poder construir, y también como una puerta que promete y exige, pero también ofrece y dará, sin duda con el esfuerzo de todos, porque no es la ciudad la que estaba esperando al Ateneo, sino éste quien estaba esperando a la ciudad. Llegó el momento.

 

Enrique Gómez Crespo

Ateneísta con esperanza y convencimiento

3 comentarios en “La Revista: El Ateneo que esperaba a una ciudad (Enrique Gómez)

  1. Ayer estuve en el Acto (re)fundacional del Ateneo. Contestar una carta tras 90 años parece que no tiene importancia, pero es fundamental: se ha recogido ese testigo y vamos a tirar del carro con lo que podemos cada uno de nosotros. Un orgullo haber sido ateneísta fundador de este viaje. Seguro que podré colaborar en alguna cosilla. Larga vida al Ateneo en esta su segunda etapa. Un abrazo a todxs.

    1. Gracias por tus palabras y tu apoyo, José Luis. Todos los socios podrán colaborar con sus ideas: ése es el espíritu ateneísta.

  2. Parece que ya estamos volando. El despegue estuvo muy bien, incluso de buen gusto. Algún periódico local habló de personas –entre otros sectores- ” … de la vida social palentina”, cosa que suena a banal o frívola, puede ser. Si en la vida no tienes momentos banales –o contingentes- no podrás llegar a creerte necesario (muy bueno el recorderis de Amanece…).
    Siempre diré que la vida intelectiva enriquece el propio espíritu y el del entorno pues al final se crea una cadena de bonhomía y es que, como dijo Fernando Martín Aduriz, con la actividad intelectual y cultural se genera bondad.
    Estamos en una ciudad muy pequeña y, como en todas las poblaciones donde todo el mundo se distingue, hay mala baba; con mucho biógrafo en ciernes y con convencionalismos y prejuicios atávicos. Mi primer deseo es que no se politice… perdón: que no se “partidice”.
    Que el Ateneo sea la montaña y la abulia y la mala baba sean el viento; el viento pasa, la montaña queda.
    Semper fidelis.
    Fdo.: Jesús Robles (socionº 99)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *