La cuesta de Enero (Almudena Álvarez)

 

Arranca un nuevo año y todos son buenos y nuevos propósitos. Así que ahí va el mío: yo me he propuesto ver el lado bueno de las cosas, de las personas y de la vida, y no dejar que nada, ni nadie, me borre la sonrisa de la cara. Pero no esa sonrisa bobalicona de “a me resbala todo”. No, esa no. La sonrisa de quien tiene el firme propósito de pensar en positivo, de creer que no todo es una mierda, y de darle puerta a ese soniquete de que esta profesión nuestra es una mierda, que si en Palencia nunca pasa nada, que nuestros pueblos se mueren de aburrimiento y nuestros campos de sed, que si no llueve, que si no nieva, que si no hay nadie por la calle…

Muchas veces me he preguntado si ese carácter tiene algo que ver con el paisaje de esta tierra y enseguida me respondo que no. Porque nuestro paisaje es infinito y no tiene límites, así que el paisaje tampoco tiene la culpa de este carácter conformista que empuja a aguantarse con un “qué se le va a hacer”, o a criticar lo que ha hecho otro, en vez de despertar con ganas de meterle mano a las cosas y cambiarlas.

Quizá lo primero que tengamos que hacer para echar a andar, o a volar si nos da el impulso, sea pararnos a mirar, y a ver, para constatar que a nuestro alrededor hay mucho paisaje y paisanaje, mucho talento, y mucho espacio para ponerlo en marcha. Porque las mas de las veces miramos, pero sin ver, y buscamos oportunidades como si se tratara de semáforos pintados en un camino, esperando que sean las administraciones, o los políticos, o los otros, los que renueven el firme cada temporada y señalicen en condiciones, para que nos demos por bien enterados.

Yo he decidido darle la vuelta a la cuesta de enero, ponerme las gafas de sol aunque sea invierno y ver la botella más llena que nunca, porque de verdad creo que la actitud es un punto y que la aptitud viene a renglón seguido, si uno quiere.

Bien es verdad que el año que ha terminado no pinta bonito, con una crisis que no deja de ser crisis, una Europa vieja, refugiados sobreviviendo a la intolerancia, una valla de la vergüenza a nuestros pies y un personaje como Donald Trump tirando a la basura muchas esperanzas. A pesar de todo, este enero me he plantado, no voy a dejar que la falta de fe en el ser humano me posea, por mucho que lo pida el cuerpo y el entendimiento. Este año quiero parecerme a esa Mafalda que le grita buenos días a la gente buena del mundo, que la hay, y mucha, y muy buena. Este año quiero aprender a mirar, y a ver, y en todas las direcciones. E invito a quien quiera a este juego, para no quedarnos en la plaza del pueblo como bobalicones esperando a que de una vez llueva este jodido invierno.

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